El mapa conceptual y el diagrama UVE

González García, Fermín María,

El mapa conceptual y el diagrama UVE. Recursos para le enseñanza superior en el siglo XXI. Madrid, Narcea, 2008.

Ciriaco Morón Arroyo.
Doctor por la Universidad de Munich, Doctor Honoris Causa por la Universidad de St. Joseph de Filadelfia, Catedrático de la Universidad de Cornell (USA).

El título puede ser oscuro para quienes no estén familiarizados con la dirección pedagógica en que el libro se sitúa. El diagrama V no es un cinco en números romanos, sino la UVE que sirve para clasificar los pasos seguidos por nuestra mente hasta llegar a ideas y proposiciones sobre los objetos que estudia. El diagrama V fue introducido por el profesor D. B. Gowin en libro Educating, de 1981, y luego en Learning How to Learn (publicado en español con el título Aprendiendo a aprender, Barcelona, 1988), escrito en colaboración con su colega Joseph Novak, los dos de la Universidad de Cornell (Ithaca, N. Y.), donde el profesor González fue profesor visitante en varias ocasiones. El sentido de la V de Gowin está magníficamente explicado por el autor en las pp. 41 y ss. El Mapa conceptual es la ordenación de los distintos aspectos del significado de un concepto, del contexto necesario para entenderlo, y de las ramificaciones del concepto, que abren nuevos caminos a la investigación. En el libro se dan ejemplos muy variados de mapas.

El subtítulo: Recursos para la Enseñanza Superior en el siglo XXI, es todo un desafío, precisamente ahora, cuando en España se perciben los efectos de largas deficiencias en nuestros sistemas de eudcación, cuando se está elaborando la lista de especialidades que se estudiarán en las universidades europeas al entrar en vigor el Plan de Bolonia, y cuando en nuestra patria se crea un Ministerio de Innovación y Desarrollo para promover la investigación científica con sus efectos prácticos en la vida de nuestra sociedad.

Se puede decir que el libro sigue la V de Gowin, puesto que comienza con la pregunta más general: “El nuevo milenio: visión desde la educación”; sigue con la “filosofía y teoría”, o sea, estudia “las técnicas para aprender significativamente”; el capítulo III expone la técnica de construcción de los mapas conceptuales a base de los instrumentos electrónicos desarrollados en el Institute for Human and Machine Cognition de la Universidad de Western Florida, donde el autor ha sido también profesor visitante. Finalmente, en el capítulo IV se presentan ejemplos de resultados obtenidos ya en la práctica con la aplicación de los mapas conceptuales y el diagrama V en escuelas de Pamplona y en la Universidad Pública de Navarra. El libro va precedido de un prólogo del profesor Joseph Novak, uno de los creadores, y el propagador más entusiasta de la metodología de los mapas en las escuelas norteamericanas y en muchas naciones donde ha ejercido profunda influencia.

Es corriente oír que a veces los problemas de la educación se dejan en manos de pedagogos teóricos no familiarizados con los temas específicos que se enseñan en los diferentes campos del saber. En este libro habla un profesor que ha fundido la teoría y la práctica de la enseñanza y pretende evitar todos los extremos. Los mapas conceptuales son la mejor forma de aprender, porque nos obligan a preguntarnos rigurosamente qué queremos decir con cada una de nuestras palabras, a establecer una jerarquía entre los conceptos: de los más universales a los particulares, o a ver analogías y diversidad entre conceptos de la misma extensión. La técnica de los mapas tiene el prestigio de ser muy vieja y muy nueva: nace en los esquemas de Aristóteles y en el ideal sistemático de la filosofía, cuyo ejemplo más visible serían las obras de Hegel, estructuradas con un rigor matemático. Al mismo tiempo, González y sus colegas norteamericanos han tenido la originalidad de profundizar en ese ideal de orden y aplicarlo al proceso de aprender en la escuela. Ellos tienen el mérito de haber desplegado en la enseñanza la virtualidad práctica de los antiguos “árboles de la ciencia”.

El punto de partida es la distinción entre aprendizaje memorístico y aprendizaje significativo. Sin establecer dicotomías rígidas, puesto que todo saber es un tipo de recuerdo, el profesor González García pone de relieve todos los medios posibles para que el estudiante practique el aprender significativo: desde el entusiasmo (“inteligencia emocional”) personal, enhebrando los contenidos nuevamente adquiridos con los que posee de antemano, y encontrando por sí mismo lo que debe aprender en su educación.

El profesor González decanta en este libro la experiencia de largos años de enseñanza entusiasta en la Universidad Pública de Navarra, acompañada de reflexiones teóricas que ha expuesto en varios libros y en una veintena de artículos en español y en inglés. El mapa conceptual y el diagrama V es un tesoro de teoría del aprendizaje y de mapas conceptuales en los que se demuestra la utilidad de estos instrumentos para aprender. Me parece un magnífico estímulo para discusiones sobre pedagogía en términos generales, y sobre todo para la urgente reflexión que necesita el actual sistema educativo español.